Crianza·Reflexiones

Espíritu navideño o fiebre navideña

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El espíritu navideño lo ha invadido todo.

Las luces, colores, sonidos y olores de la Navidad nos rodean.

La Navidad es bonita. Sobre todo cuando se tienen niños pequeños, quienes la viven con ese maravilloso asombro que da la inocencia.

Sin embargo, creo que cada año es mayor la fiebre y menor el espíritu navideño.

Cuándo comienza la Navidad

Cuando era niña, la casa se decoraba durante el puente de la Constitución. La Navidad comenzaba oficialmente con los niños de San Ildefonso cantando los números de la Lotería. Los turrones y polvorones no se comían hasta Nochebuena. Y el roscón no aparecía hasta el día de Reyes.

En los últimos años la Navidad cada vez irrumpe antes. Este año he visto cómo los supermercados ofrecían en un mismo pasillo artículos de Halloween junto a dulces navideños. ¡En el mes de octubre!

La Navidad vende. Porque a “todo el mundo” le gusta la Navidad. O más bien, a “todo el mundo” le gusta consumir la Navidad.

Desde hace años estas fechas son sinónimo de consumismo. Aunque quizás antes se limitaba más en el tiempo.

Actualmente pasamos más de dos meses consumiendo invadidos por ese espíritu (o fiebre) navideño. Por no hablar del Black Friday, el Cyber Monday y demás estrategias comerciales que nos llevan a comprar casi compulsivamente.

Navidad, niños y consumismo

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Los niños son uno de los principales objetivos publicitarios de la Navidad. Así, un gran porcentaje de ellos relacionan Navidad con juguetes.

Todos hemos vivido la ilusión de que Santa Claus y los Reyes Magos pasaran por nuestra casa y dejaran regalos. Sin embargo, hoy en día los más pequeños viven con un exceso de objetos materiales durante todo el año.

Compramos tanto y de forma tan rápida que les hemos acostumbrado a recibir sólo porque sí.

Así, la lista de deseos crece y crece ante una oferta casi infinita. Cuántas veces a los pocos días los nuevos juegos son abandonados entre todos los demás.

Se que es difícil contenerse. Porque imaginamos sus caritas iluminadas e ilusionadas. Pero no se trata de limitar los regalos por cuestiones económicas o por rigidez educativa. Todo lo contrario.

El espíritu navideño debería ser más que regalos debajo del árbol o junto a los zapatos. Eso es tan sólo una parte.

Y es que un regalo puede ser un paseo por el centro de la ciudad viendo la iluminación, conocer un Belén viviente o escuchar un concierto de villancicos.

Fiebre navideña en las redes sociales

No sólo los más pequeños son “víctimas” de la fiebre navideña.

Llevo semanas viendo árboles de navidad en Instagram. Ingeniosas manualidades. Calendarios de adviento. Metros de luces led.

Si te gusta decorar tu casa mes y medio antes de las fiestas, ¡estupendo!. Pero, ¿de verdad es así en todos los casos? O quizás, ¿nos estamos dejando llevar, aunque sea un poquito, por el postureo?

Somos la Navidad en persona y, además, toda la decoración es DYI.

Hasta el punto de que cuando eres torpe para hacer un arbolito de fieltro o un Papá Noel de goma Eva, te haces la loca y das likes un poco resentidos a las privilegiadas manitas.

No subes fotos de la decoración porque son cuatro figuritas y espumillón. No pones árbol para evitar que le caiga encima a tu hijo de dos años. Eres el Grinch.

¿Qué es la Navidad?

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Hacer regalos está bien. Decorar la casa está bien. Hacer manualidades (si tienes manos para ello) está bien.

Pero si no haces nada de esto, simplemente porque no te apetece, también está bien.

No deberíamos olvidar que el espíritu navideño no es algo universal. Hay muchas personas que sufren durante esta época del año por múltiples razones.

Millones de niños en el mundo no sabrán nunca lo que es. No recibirán nunca un regalo.

Si nos paramos a reflexionar sobre ello nos daremos cuenta de que no es tan importante.

Hay tantas Navidades como personas. No es una competición. No somos mejores madres y padres por hacer galletas de jengibre o llevarles a la Cabalgata. No estamos obligados a ser más felices.

La Navidad es una excusa para hacer cosas diferentes y bonitas. Sólo eso, una excusa.

 

Y tú, ¿cómo vives la Navidad?


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