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Crisis personal en la maternidad

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Afrontar una crisis personal en la maternidad es una experiencia compleja.

Hace un tiempo hablé de como la maternidad puede hacer que perdamos nuestra propia identidad. Ser madre es muy exigente física y mentalmente. Esa entrega hace que, con frecuencia, nos olvidemos de nosotras mismas. Cuando esta situación se prolonga en el tiempo llega un momento en el que reconectar contigo misma se hace muy complicado.

Tener un hijo es, en sí mismo, un acontecimiento de gran trascendencia. Pone en entredicho muchos aspectos de la vida que hasta ese momento llevábamos.

La maternidad no tiene por qué ser causa de una crisis personal pero los cambios que conlleva sí pueden desencadenar una transformación interior.

Crisis personales en las fases de la vida

La vida no es una línea continua de acontecimientos. La vida, en realidad, es una sucesión de discontinuidades. Desde que nacemos, nos enfrentamos a retos y constantes cambios mientras buscamos la razón de nuestra propia existencia.

Etimológicamente, la palabra “crisis” (del verbo griego kríno, “yo decido, separo, juzgo”) es el juicio formado sobre una cosa después de examinarla cuidadosamente.

Por tanto, una crisis permite resolver una situación que se da en un momento de nuestra vida y, al mismo tiempo, se trata en sí misma de una etapa que hay que afrontar.

Valoramos las crisis personales como algo negativo porque nos desestabiliza pero en realidad se trata de un proceso que nos permite avanzar y hacer los cambios que necesitamos.

Una crisis personal se presenta de forma súbita y acelerada. Aunque nos empeñamos en alcanzar la estabilidad vital, en realidad ésto no es muy realista, precisamente porque nada es permanente. Nuestra personalidad no es inamovible sino que cambia con el tiempo, igual que nuestras circunstancias.

Algunas crisis son cortas y otras más permanentes. Sabemos cuándo comienzan pero no cuándo terminan. Las soluciones pueden ser provisionales y otras definitivas.

Existen dos tipos de crisis vitales. Las situacionales, como la muerte de un ser querido, y evolutivas, las que se dan en momentos de cambio personal y espiritual.

Todas ellas nos obligan a conectar con nosotros mismos, a hacer balance y tomar decisiones.

Conectar con una misma siendo madre

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Ahora bien, darnos ese tiempo necesario para escucharnos cuando somos madres, especialmente de un bebé o un niño pequeño, no es fácil.

Primero, porque muchas veces no disponemos de espacio vital propio. A menudo ni siquiera tenemos tiempo “real”. Hacemos mil cosas, muchas a la vez. Horarios, rutinas e imprevistos que giran en torno a las necesidades y demandas de los pequeños.

Cuántas veces habré dicho, al final del día, “no tengo tiempo para nada”. Y con ese “nada” me refiero a tiempo para mi misma.

Lo que más he echado en falta desde que fui madre ha sido el silencio interior. El poder escucharme sin prisas y sentirme.

Muchas veces, al expresar en voz alta esa necesidad, he escuchado la recomendación de “tienes que hacer cosas sin el niño”. Pero, al menos en mi caso, eso no me libera de la presión mental. Aunque mi hijo esté por un tiempo lejos físicamente, mi mente sigue llena y yo misma, muy lejos.

Tiempo de cambio

A medida que los bebés crecen vamos recuperando nuestro propio espacio. Esto es en parte liberador pero también supone enfrentarnos a lo que somos y a cómo es nuestro presente.

No tengo claro si la maternidad se complica por vivir una crisis personal o si la crisis llega por el hecho de ser madre. Probablemente todo esté íntimamente relacionado.

En mi caso, si puede servir de referencia, se han unido varias circunstancias. La tormenta emocional, hormonal y el desgaste que supone ser madre. El cambio total de vida y rutinas al dedicar las 24 horas al cuidado de mi hijo. Una profunda crisis de pareja. Y el acercarme a cumplir cuarenta años, una edad en la que suele darse una crisis evolutiva en la que uno se plantea dónde está y si es el lugar donde pensábamos que estaríamos.

Los cambios dan miedo

La mayoría de personas no somos especialmente flexibles frente a los cambios. No se nos educa con la idea de que la vida es un constante cambio, más bien lo contrario.

Percibimos la estabilidad como lo ideal.

En el día a día constantemente hemos de tomar decisiones. A veces son cosas sin importancia, como qué vamos a desayunar, pero otras son decisiones que pueden cambiar el curso de nuestra vida.

Una crisis personal supone enfrentarnos a un presente que no nos gusta, identificando la causa de ese conflicto y obligarnos a tomar decisiones, a cambiar lo que hacemos y, en parte, lo que somos.

Afrontar la crisis desde la maternidad

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No soy la persona más indicada para hablar de cómo afrontar una crisis, ya que, de hecho, me encuentro sumida en una muy profunda. Lo que sí puedo es compartir son los pasos que ya he dado.

  • Aceptar que estoy viviendo una crisis personal. No es la primera vez que me enfrento a ello así que me di cuenta enseguida. Aceptarlo y asumirlo fue el primer paso para comenzar a tomar decisiones.
  • No dejarme llevar (en exceso) por las emociones. Soy una persona muy (muy) emocional. Si me dejo llevar, pierdo la capacidad de analizar y eso hace que la crisis tome una dirección descendente peligrosa.
  • Identificar las causas. Creo que todos sabemos cuáles son los aspectos de nuestra vida que no nos satisfacen o, incluso, que nos gustaría eliminar. Saber qué está provocando la crisis permite acotar el problema y alejar la idea de “todo es una mierda, nada me sale bien”.
  • Tener momentos de reflexión. Se que esto puede parecer imposible cuando somos madres. Pero es obligado dedicarnos tiempo. Aunque sea levantándote a las seis de la mañana, mientras aún duermen, para escucharte.
  • Poner plazos. Una crisis personal se puede dilatar en el tiempo y eso no es bueno. No se trata de tomar decisiones de forma precipitada pero sí de establecer un plazo para ello. El hacerlo me ha dado mayor tranquilidad y me ha forzado a tener un objetivo.
  • Buscar apoyo. Para personas reservadas, como es mi caso, no es sencillo. Pero sí es necesario. Exteriorizar lo que nos pasa, lo que sentimos y pensamos permite verlo desde otra perspectiva. Eso sí, hay que confiar en personas que sepan escuchar y que, sobre todo, no nos juzguen. Fuera las relaciones tóxicas y los vampiros emocionales.
  • Algo que para mí está siendo especialmente beneficioso es escribir. No sólo en el blog sino de forma privada. Escribir lo que siento es terapéutico y no me obliga a hablar si no me apetece.

La maternidad es una dura prueba y tenemos la tendencia a abandonarnos para atender a quien más nos necesita, nuestros hijos. Pero si nosotras no estamos bien, si somos infelices, si estamos tristes y sumidas en un pozo de negatividad, ellos lo notarán. Hemos de cuidarnos por nosotras mismas. Porque si estamos bien, ellos estarán bien.

 

¿Has pasado o estás pasando por una crisis personal? ¿Cómo la has afrontado?


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8 comentarios sobre “Crisis personal en la maternidad

  1. Hola 🙂 Me ha encantado tu publicación, la voy a leer una y otra vez porque es como si yo misma la hubiera escrito. Quizás añadiría que qué suerte que seas capaz de discernir, hacer la autocrítica y balance necesarios para afrontar esta etapa. Me encuentro rodeada de personas que viven (o muestran que viven) de manera lineal, perfecta y sin contratiempos, haciéndome dudar a veces de si es “normal” pasar por estas situaciones o lo normal es lo que ellos muestran. En momentos de debilidad me dejo llevar por su postureo, pero por suerte me dura poco. Mucho ánimo y muchos abrazos, como decía mi abuela (y en su día me parecía demasiado simple, pero de tan simple, es cierto) “de todo se sale”. Cuídate mucho, besos.

    1. Gracias por tus palabras. Es cierto que, muchas veces, tenemos la sensación de ser la única que vive determinados procesos. Quizás porque gran parte de las personas no quieren detenerse a analizar y escuchar su propio interior. Las crisis vitales no son necesariamente malas, aunque pasarlas sea algo difícil. Un abrazo.

  2. Me ha gustado mucho, Ángela. Es verdad, pones palabras a lo que muchas mamás sentimos o hemos sentido en algún momento. Gracias por compartir tu visión y tu manera de afrontarlo, es de gran ayuda.
    Fuerza y ánimo!! Un abrazo

  3. Me ha encantado el post. Muy descriptivo. Yo no sé si estoy en crisis o cansada solo pero… estoy que no estoy.
    A mí hacer cosas sin niños, las que sean, sí me libera un poco, la verdad. Y valoro mucho más el tiempo con ellos. Para mí el problema son la cantidad de obligaciones diarias que hay, que me comen y me dejan sin tiempo para mí y las cosas que me gusta hacer o que haría mejor. En fin, todo pasa.

    1. Creo que esa falta de tiempo y espacio personal acaba pasando factura sea cual sea nuestra situación. Adoptamos el rol de madres con tanta intensidad que dejamos a un lado nuestras propias necesidades. Llega un momento en el que eso no es sostenible, y nos rompemos. Un abrazo y ánimo.

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