Parto·Salud

Mi parto natural sin epidural

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Por qué un parto sin epidural

Antes incluso de quedarme embarazada tuve claro que quería un parto sin epidural.

Parir duele. Es el dolor más intenso que he experimentado en mi vida. Pero es un dolor que no se convierte en sufrimiento.

Creo firmemente en que las mujeres estamos capacitadas física y mentalmente para afrontar un parto sin más intervención que la de nuestra propia voluntad y nuestro cuerpo.

En nuestra cultura sentir dolor se percibe siempre como algo negativo porque se asocia a la enfermedad. No queremos sentirlo bajo ningún concepto y cada vez somos menos tolerantes a él.

La función de la epidural que es quitar el dolor. Parir con epidural se ha normalizado y con frecuencia se desconocen sus efectos adversos, que los hay y muchos.

Es importante disponer de toda la información posible para así tomar una decisión meditada y consciente. Leer, preguntar y valorar pros y contras.

También ser flexibles para poder cambiar de opinión sin culpas ni reproches.

Mi plan de parto

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Di a luz en el Hospital Universitario Infanta Sofía, en Sebastián de los Reyes (Madrid). Leí algunas opiniones sobre la atención pero eran tan dispares que tomé la decisión en base a cómo me habían atendido durante el tratamiento de fertilidad.

Preparé mi plan de parto con bastante antelación. En el hospital me indicaron que no era necesario presentarlo antes sino llevarlo en mano el día del ingreso.

Es conveniente consultar el protocolo que sigue el hospital o clínica. También confirmar si precisan incluir el plan de parto en la historia.

Utilicé el modelo de Plan de Parto y Nacimiento del Ministerio de Sanidad. Hice dos copias y las guardé junto a todos los informes médicos.

Los pródromos de parto

Se prolongaron unas tres semanas. Inicialmente eran contracciones esporádicas en las que la tripa se ponía muy dura (contracciones de Braxton Hicks)

Desde la semana 25 mi hijo estaba en posición cefálica. En la ecografía de la semana 34 el obstetra me dijo que seguramente no llegara a la semana 40 al estar colocado ya muy abajo.

Di a luz en la semana 39 de embarazo.

Rotura de la bolsa

Rompí aguas a las 2:30h de la madrugada mientras dormía. Me levanté notando cómo una gran cantidad de líquido caliente bajaba por mis piernas. Era claro y limpio así que me di una ducha rápida, recogimos todo lo que teníamos que llevar y esperamos a mi padre que nos iba a llevar en coche al hospital.

Me sorprendió la cantidad de líquido que había en mi tripa y que no dejaba de salir.

No tenía dolores. Me sentía tranquila pero expectante.

Dilatación

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Como no había llegado a la semana 40 no me habían hecho seguimiento en Monitores. La matrona que me exploró palpó la cabecita de mi bebé. Al haber roto la bolsa debía quedarme ingresada aunque aún no tenía contracciones y si en diez horas no me había puesto de parto lo inducirían.

En ese momento entregue mi Plan de Parto.

En mi Plan de Parto indicaba que no quería vía. Me indicaron que era protocolo del hospital y que preferían que la tuviera por si surgía una emergencia. Decidí aceptar y fue de lo más molesto. Hubo momentos en los que estaba más pendiente de ella que de las contracciones.

Dos horas y media después de romper aguas, sobre las 5 de la mañana, comenzaron las contracciones regulares cada 10 minutos. Rápidamente el intervalo de tiempo entre ellas se redujo.

No se por qué motivo decidieron monitorizarme con las “correas”. Me resultó muy incómodo estar tumbada y en cada contracción tenía que colocarme de lado.

Cuando me exploraron había dilatado 2 cm. Respiré aliviada ya que el proceso estaba en marcha y no sería necesario inducir.

Pude desayunar. Esto parece un obviedad pero se de muchos hospitales que no permiten comer ni beber a las parturientas. Si la mujer siente la necesidad de comer debería tener a su disposición alimentos nutritivos. Yo tenía bastante hambre y agradecí que me trajeran el desayuno.

A las 8:30h las contracciones se repetían cada 3 minutos. Eran dolorosas.

De forma instintiva la mejor postura para pasar las contracciones era de pie, apoyándome sobre la cama.

Inspirar en dos tiempos y espirar lentamente en tres me permitía un mayor control del dolor. Esto también oxigena al bebé. Buscar el mejor ritmo en la respiración y adaptarlo al momento ayuda mucho durante la dilatación.

¿Estás segura de que no quieres epidural?

Una auxiliar me preguntó si estaba segura de no querer la epidural. Al decirle que por el momento no, sonrió con suficiencia y me dijo “Ah, bueno, por el momento. Porque esto acaba de empezar”.

Se sigue infravalorando a las mujeres durante el parto. Especialmente cuando eres primeriza. Como si no pudieras tener claro lo que quieres y cómo lo quieres.

En el paritorio

A las 12 de la mañana, dilatada de 5 cm, fui al paritorio.

Las contracciones eran mucho más intensas y cercanas.

La matrona que me asistió fue realmente encantadora, muy dulce y atenta. Con mi Plan de Parto en la mano me explicó cómo iba a ser todo a partir de ese momento.

Me monitorizaron con telemetría porque la frecuencia cardiaca de mi bebé descendía en algunas contracciones. Este tipo de monitorización te permite moverte libremente.

No utilicé la pelota de pilates. La probé y no me resultó cómoda. Las contracciones de pie, apoyada en la cama y entre medias paseos por el paritorio.

El dolor

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El dolor era constante y muy intenso. Me ofrecieron el óxido nitroso (gas de la risa) pero lo rechacé.

Para mí el dolor del parto se puede afrontar si lo dejamos fluir y no luchamos contra él.

Los últimos 2 centímetros

Aguantar la necesidad de pujar cuando estaba de 8 cm fue lo más difícil. Tuve que tirar de fuerza de voluntad y maxima concentración.

Grité con todas mis fuerzas. “Voy a apretaaaar”. La matrona entró corriendo, me exploró y cuando me dijo “Empuja cuando quieras. Estás en completa” pensé ¡Por fin!

Creo que hubiera tenido a mi niño de pie pero finalmente me senté en la cama que habían colocado a modo de silla gigante.

El expulsivo

El expulsivo fue muy físico. Lo describo como algo primitivo. Totalmente centrada en mi cuerpo y en las sensaciones que lo invadían. En cada pujo exhalaba el aire sin gritar con un jadeo gutural.

Antes de que la matrona me dijera que empujara yo sabía cuándo hacerlo. Cada contracción me guiaba.

El dolor se transformó. No era punzante. La sensación era similar a cuando tienes un retortijón muy fuerte y necesitas ir al baño. De hecho en uno de los pujos me hice caquita (sí, eso pasa, es muy habitual y el personal médico está más que acostumbrado).

Trajeron un espejo de cuerpo entero. Pude ver todo el proceso. Es algo realmente impresionante.

Cuando la cabeza de mi bebé coronó pude ver y tocar sus pelitos. Justo en ese momento describe muy acertadamente como “aro de fuego “. Es una quemazón intensa justo cuando el periné está casi al máximo de dilatación y los tejidos no dan mucho más de sí. En ese momento todo pareció detenerse. Dejé de sentir dolor y contemplé asombrada de lo que podía ser capaz mi propio cuerpo.

El resto fue muy rápido. En dos pujos salió la cabeza por completo. En el espejo pude ver cómo rotaba quedando su carita mirando hacia arriba.

Recibí a mi hijo con mis manos.

La salida del cuerpo es muy rápida y apenas dolorosa. No me realizaron episotomía ni sufrí desgarro.

El alumbramiento

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El alumbramiento de la placenta fue casi inmediato. Era pequeña, motivo por el cual mi hijo apenas creció durante el último mes de embarazo.

Mi marido cortó el cordón umbilical, tal como era nuestro deseo, cuando dejó de latir.

Nuestro hijo nació a las 15h. Tres horas después de iniciarse el trabajo de parto y tras 20 minutos de expulsivo. Era pequeñito, 47,5 cm y 2,810 kg, pero perfecto.

El puerperio inmediato

Las dos primeras horas de vida de mi bebé nos dejaron a solas en el paritorio. El primer contacto con la lactancia, que no fue como esperaba.

Me sentía llena de energía. Me levanté, fui al aseo y a punto estuve de agacharme para coger las bolsas con nuestras cosas.

Mi parto fue consciente, doloroso y agotador pero respetado y muy disfrutado. La culminación de mi embarazo y el inicio de mi maternidad. 

La recuperación tras un parto sin epidural suele ser muy buena, sobre todo cuando ha sido natural (sin ningún tipo de intervención médica). El dolor se olvida rápidamente.

Me sentí emponderada, fuerte y orgullosa.

Y tú, ¿diste a luz sin epidural? ¿Cómo viviste tu parto?

3 comentarios sobre “Mi parto natural sin epidural

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