Familia·Maternidad

Crisis de pareja con el nacimiento del primer hijo

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Tener un hijo como proyecto de vida

Las crisis de pareja tras el nacimiento de un hijo son más frecuentes de lo que pensamos.

Un hijo es un proyecto de vida que no siempre resulta como esperábamos.

Vivimos rodeados de expectativas que, con frecuencia, nos conducen al desengaño y a la frustración.

Cuando la estampa de familia idílica no se corresponde con la realidad nos desilusionamos y muchas veces buscamos culpables y responsabilidad en nuestras carencias y en las de nuestra pareja.

No somos comprensivos, no queremos ponernos en el lugar del otro ni perdonar los errores. El “debería” se impone y la insatisfacción al no obtener las respuestas que esperamos acaba haciendo mella en el afecto.

Las crisis de pareja son una de las sombras de la maternidad/paternidad

Ser padres puede unir y fortalecer la relación pero es muy habitual pasar por una crisis de pareja más o menos profunda.

No son pocas las separaciones y divorcios tras la llegada del primer hijo.

Tener un hijo supone dejar de ser dos. Las rutinas cambian, lo que antes importaba ahora queda en un segundo plano, la intimidad desaparece casi completamente. Estamos cansados, saturados y abrumados.

No existe manual, libro ni blog que nos de las claves para enfrentarnos a todos esos cambios externos e internos.

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Educación, sociedad y corresponsabilidad

Soy de una generación en la que los niños jugaban al fútbol y las niñas a las casitas. Incluso en el seno de una familia nada machista, como fue mi caso, los roles de género estaban muy arraigados socialmente.

Las mujeres nacidas entre 1978 y 1994 estamos sometidas al ideal de la madre multitarea. Mujeres que trabajamos, estudiamos, cuidamos la casa y a los niños, hacemos deporte y tenemos que estar divinas. Además, somos emprendedoras, estamos al día de la tecnología, utilizamos las redes sociales y hasta escribimos un blog o tenemos un canal en YouTube.

A pesar de esto, seguimos dándonos de bruces con la realidad de una sociedad que no contempla la conciliación como una necesidad. El peso de la crianza de los hijos recae sobre nosotras y entonces nos damos cuenta de lo falsa que era la posición que creíamos tener.

Incluso cuando decidimos voluntariamente pausar nuestra carrera profesional lo hacemos con la incertidumbre de no saber si podremos retomarla.

Nuestras parejas masculinas, cuando no son machistas declarados, viven en la confusión de saber que han de ser corresponsables pero aún se les escapa el “yo ayudo a mi mujer con la casa y con los niños”. Les cuesta tener la iniciativa de poner la lavadora y cuando lo hacen se arriesgan a escuchar un “deja, ya lo hago yo que no sabes”.

Hablar de corresponsabilidad está de moda pero está lejos de ser una realidad.

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El nacimiento de un hijo provoca una gran fisura en la relación de pareja

La falta de sueño, las nuevas rutinas y los temores de los primeros meses son circunstanciales. El paso del tiempo permite recolocar las piezas.

Una crisis de pareja es algo mucho más profundo.

Sientes que estás en un plano muy diferente al de tu pareja. Lo ves lejos y extraño. Las mujeres solemos entregarnos al cuidado de nuestro bebé, inmersas en emociones y sentimientos nuevos.

Las diferencias de caracteres y de pensamiento, que siempre estuvieron ahí pero habíamos asumido como normales, se imponen y son fuente de conflictos.

No es un camino sencillo ni corto

Las heridas que se abren a base de comentarios fuera de lugar, de malas formas, de silencio y de distancia son muy dolorosas y dejan huella.

Un hijo es un nexo profundo que merece ese esfuerzo común.

No creo que sea posible dejar atrás el pasado y comenzar desde cero. Lo que podemos intentar es asumir ese pasado y mejorar el presente.

Hay días difíciles, emocionalmente agotadores, en los que los malos recuerdos y el rencor se imponen. También hay días buenos, de reconexión, en los que tomar impulso.

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Lo más importante es el bienestar de los hijos

Debemos tener claro que ante una crisis de pareja lo más importante es el bienestar de los hijos.

Ellos acaban siendo las víctimas de nuestros problemas y no tenemos derecho a marcar su vida al no tener el valor de pasar página.

No queremos privarles de una familia unida pero lo que hacemos es condenarles a un infierno de peleas y sufrimiento.

Para un niño es mejor unos padres separados pero tranquilos y felices que juntos y desgraciados.

No es fácil afrontar y superar una crisis de pareja con un hijo. Hay que luchar por la relación si creemos que merece la pena pero siendo realistas y poniendo por delante a los hijos que han sido fruto de nuestro amor, incluso cuando éste ya no exista.

¿Pasasteis una crisis de pareja al ser padres? ¿Cómo la superasteis? ¿Vuestra relación llegó a su fin por el bien de vuestros hijos?

8 comentarios sobre “Crisis de pareja con el nacimiento del primer hijo

  1. Tienes razón, interesante reflexión. Una pareja que no es sólida antes de tener un hijo prácticamente seguro que con el nacimiento entre en crisis. Tener un hijo es un paso muy importante, el que más en esta vida, y si lo tienes en pareja te liga a esa persona de por vida.
    Un abrazo

    1. Personalmente creo que incluso cuando la relación es o parece ser sólida puede desencadenarse una crisis. Hay aspectos de la pareja y de la convivencia que se alteran enormemente y surgen dificultades que antes no existían. Al menos en mi caso ha sido así. Nuestra relación era estable, nos conocíamos bien, y la llegada de nuestro hijo fue el desencadenante de muchos problemas que aún intentamos superar. Un abrazo.

  2. Cuanta razon! Antes de ser madre no comprendia como parejas al poco de tener hijos se separaban. Ahora veo que por muy estable que sea la pareja el cambio tan grande de ser padres, puede influenciar mucho. Nosotros tambien seguimos intentando superar esos problemas.
    Muy buena reflexion.
    Un abrazo!

  3. Las relaciones cambian, incluso aunque no se pase por una crisis de pareja como tal. Realmente tener hijos lo transforma todo. Un abrazo.

  4. Con frecuencia, antes de vivir en nuestras carnes la maternidad, pensamos que “eso no nos pasará a nosotros”. Cuando llega el momento nos damos cuenta de que no somos inmunes. Gracias por tu comentario. Un abrazo.

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