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Cuando mi hijo no quiere comer

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Cuando mi hijo no quiere comer, no ocurre nada. Simplemente, no come.

Si no quiere comer, no come. Si no le gusta la comida, no come. No es un castigo, no es una imposición, es respeto.

Parto de la certeza de que nadie (sano) muere de hambre cuando tiene comida.

¿Por qué a los niños hay que decirles el qué y cuánto han de comer? Desde que nacen se intenta pautar la alimentación de los bebés. Los mililitros, las tomas, los minutos y las horas deben establecerse para que “aprendan” a comer.

Cuantas lactancias a demanda se dan “cada tres horas, durante veinte minutos, diez minutos en cada pecho”.

Los bebés quizás no entienden bien el mundo que les rodea pero son plenamente conscientes de cuándo tienen hambre y de cuándo no la tienen.

Imagínate a ti mismo.

Las doce de la mañana, tienes hambre, te levantas y vas a la cocina. Tu pareja te intercepta cuando te dispones a abrir la nevera. “Uy, no, no. Ahora no se come. Ve a jugar hasta que sean las dos”.

Las dos de la tarde. Mesa puesta, platos servidos y no tienes hambre porque has desayunado tarde, te duele un poco el estómago o simplemente el menú de hoy no es muy apetecible. Tu pareja te coloca la servilleta al cuello. “Venga, a comer. Te lo tienes que terminar todo, eh. De aquí no te mueves hasta que no vacíes el plato”.

Ante estas situaciones, ¿qué haces? Probablemente dirás que ya eres mayorcito, que vas a comer cuándo y lo que te apetezca.

Ya soy mayorcito. Esta frase tan frecuente y que decimos sin analizar su trasfondo es prueba de que culturalmente se piensa que los pequeños, los niños, no tienen capacidad para decidir y que hay que decirles qué hacer.

Llevándolo al terreno de la comida nosotros, los adultos, decimos a los niños a qué hora pueden tener hambre y que lo que se pone en el plato se tiene que comer, sí o sí. Y esto lo hacemos los que ideamos el menú diario en base a nuestros gustos, picamos entre horas y nos saltamos comidas por falta de tiempo o apetito.

mi hijo no quiere comer mi bebe no come blw baby led weaning alimentacion complementariaConsidero una responsabilidad ofrecer a mi hijo una variedad de alimentos sanos, nutritivos y apetecibles, mostrarle cómo utilizar el plato, el vaso y los cubiertos. Pero también es mi responsabilidad crear un ambiente relajado a la hora de comer, algo imposible si hay imposición, amenazas o enfado. Respetar su necesidades, su apetito y sus gustos personales.

Esto no significa que la comida en casa sea a la carta. Pero si, por ejemplo, se que no le gusta la zanahoria cocida no tengo necesidad de ponerle un plato de verdura lleno de zanahoria. Puedo adaptarme, dársela de otro modo y seguir ofreciéndosela periódicamente hasta que se anime a probarla y confirme si realmente no le gusta. Si nunca le gustaran las zanahorias cocidas no pasa nada. Tal vez las quiera crudas o trituradas. Incluso si no las comiera de ninguna de las maneras, ¿acaso son vitales? ¿alguna ley nos obliga a comer zanahorias?

Me gusta que mi hijo coma bien. Me siento satisfecha cuando disfruta de la comida que he preparado. Es más sencillo poner el plato y que coma solito sin aspavientos ni quejas. Pero esto no siempre es posible y tenerlo claro desde el principio me ha ahorrado disgustos.

¿Qué hago cuando mi hijo no quiere comer?

Con frecuencia lo que comen o dejan de comer los niños es motivo de preocupación, especialmente al iniciar la alimentación complementaria. Al día siguiente de cumplir los seis meses, si el bebé no quiere tomar todo el puré se desatan las alarmas y los “mi niño no come nada”.

Mi niño tuvo la graciosa costumbre durante un tiempo de lanzar el plato por los aires y arrojar la comida al suelo cuando no quería comer. Es una fase que atraviesan muchos bebés, especialmente cuando haces baby led weaning. En ese caso no me enfadaba y le decía que, por favor, si no quería comer me diera el plato. Un día negó con la cabeza y me tendió el plato. Se acabaron así (casi todos) los vuelos de comida.

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Una de las grandes ventajas del método blw es la auto regulación del apetito (también es posible respetarlo con triturados). He confiado totalmente en mi hijo en ese sentido. Si no quiere comer no es por capricho, cabezonería o porque no sabe lo que debe hacer. Sencillamente no tiene hambre en ese momento.

Si está activo, sano y feliz la comida tiene la importancia que tiene, ni más ni menos. Si no come ahora comerá en otro momento.

Insisto en que esto es aplicable cuando el niño está sano y el no comer no es síntoma de algún tipo de problema.

Comer es también un acto social

No comemos sólo para alimentarnos. Si así fuera no necesitaríamos poner un mantel, colocar cubiertos, ni siquiera presentar la comida de forma apetecible.

Un bebé lactante marca su propio ritmo a la hora de alimentarse, nace sabiendo cómo hacerlo y lo único que necesita es la leche de su madre (en su defecto, la leche de fórmula). Entonces, ¿por qué no permitirle seguir haciéndolo cuando se introducen otros alimentos? Cuando mi hijo no quería comer y sólo tomaba pecho, no había forma de que mamara. Del mismo modo cuando ahora no quiere comer, no hay forma de que lo haga. Al menos no de buen grado, podría intentar obligarle y enfadarme pero dudo mucho que compense el mal rato por dos cucharadas más.

Comer debería ser siempre algo agradable pero si apuntamos con dedo acusador la situación distará bastante de serlo.

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¿Qué ocurre cuando se impacienta por abandonar la mesa una vez terminada la comida? Cuando esto ocurre no le bajo corriendo de la trona pero si, pasados unos minutos, queda claro que para él el tiempo de comer ha concluido, hacemos una pausa. No es realista esperar que aguante una hora sentado sin decir ni mu.

Soy partidaria de enseñar buenos modales necesarios para la convivencia pero ¿de verdad creemos que un niño de dos años puede permanecer impasible sentado en su trona hasta que terminemos el café?.

A veces pecamos de intentar que los niños se integren en nuestro ritmo de vida cuando lo que deberíamos hacer es establecer un nuevo ritmo en el que ellos tengan el mismo protagonismo que nosotros.

No preocuparte no significa que no te ocupes

Como casi siempre, hagas lo que hagas, alguien opinará y juzgará.

Si doy a mi hijo libertad para gestionar su apetito es que no me ocupo por su correcta alimentación. No medir y pesar los ingredientes es demasiado “moderno” y poco consciente. Cuando tenga quince años me va a pedir un bocata a las tres de la madrugada por acostumbrarle a mamar por la noche (palabras textuales dichas por un pediatra). Va a ser un tiquismiquis con la comida (aunque en ese momento se esté zampando un plato de lentejas sin pestañear).

Me ocupo del bienestar y salud de mi hijo como lo hace el resto. No preocuparme porque un día no quiera comer no significa que no me ocupe de todo lo relativo a su alimentación.

Deseo que mi hijo mantenga una relación sana con la comida y hago lo posible porque así sea, sin presiones ni obsesiones, haciéndolo lo mejor posible, aunque no  sea perfecto.

10 comentarios sobre “Cuando mi hijo no quiere comer

  1. Me ha gustado mucho reina, muy bien argumentado. A mi no me preocupa, yo siempre ofrezco y nunca he forzado, la comida debe ser un placer no una batalla. Además nosotros no sabemos el hambre que tiene, él mismo se tiene que autoregular. Alguna vez ha ido a dormir sin cenar, no ha querido comer lo que había, se le ha dado la opción y ha decidido que no. Me preocupa cero. Hay gente que le vendría bien leer tu post!
    Un abrazo!

    1. Gracias! Es tan importante que la relación con la comida sea sana y, como dices, un placer. Además de ser una oportunidad para que los pequeños tengan autonomía y decidan por sí mismos. Un abrazo!

  2. Yo reconozco que me he enfadado mucho cuando no ha querido comer y reconozco que mucha culpa de algunas cosas las tengo yo pero he aprendido a relajarme. Si no quiere, no quiere y punto. Ahora ha estado unos días malos y no ha comido nada de nada en 3 días y no le pasaba nada. Luego ha recuperado y ya. De las cosas malas también se saca algo bueno. Me ha gustado mucho!!!

    1. Puede llegar a ser frustrante cuando no quieren comer y es algo que tenemos que canalizar para llevarlo de forma más tranquila. Como bien dices, de lo malo también aprendemos para seguir haciéndolo lo mejor posible. Un abrazo!

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